Más de 50 centros especializados en el tratamiento del cáncer

Seleccionar página

El cáncer a través de los ojos de Eva

Buenas tardes, mi nombre es Eva, desde Junio del año pasado estoy en tratamiento por un cáncer de mama y voy a hablaros sobre los sentimientos y emociones desde mi propia experiencia.

El diagnóstico de cáncer

Cuando finalmente me dieron el diagnóstico, que no quería oír, me quedé en shock. El médico me dio todas las explicaciones y buenas perspectivas en el tratamiento de la enfermedad gracias a los grandes avances que se hacen, pero yo salí de su consulta sin reaccionar, sin poder articular una palabra y sin llorar.

Fue entrar en casa y no había consuelo para mí. En ese momento las buenas palabras de mi pareja repitiéndome de nuevo la altísima tasa de supervivencia y lo avanzadísimos y personalizados que están los tratamientos no sirvieron para nada. Lloré y grité de desesperación como nunca lo había hecho. Empecé a pensar que me quedaban horas, quizás días. Mis hijos se iban a quedar sin madre, mi familia no podría sobrevivir a este palo, mi casa se vendría abajo…

¿Por qué yo?

Ahí empezó a desatarse una montaña rusa de pensamientos negativos, de angustias, de preguntas, de miedos, era una sensación de que todo me sobrepasaba. Después empecé a preguntarme ¿por qué a mí? ¿qué he hecho mal para merecerme este castigo? Yo, que llevo una vida sana, que intento hacer el deporte que mi poco tiempo libre me permite, yo, que soy una buena persona…

Entonces noté un enorme sentimiento de ira, porque el universo estaba contra mí y nada me podía salvar. Sientes que es injusto, que no te mereces lo que está pasando. Todos tus planes – cercanos y lejanos – se vienen abajo.
Recuerdo que pasé varias horas mirando por la ventana a la gente que pasaba por la calle. Con mi corazón les maldecía porque yo estaba enferma y ellos no.

La aceptación de la situación

Cuando ya tuve asumido lo que me pasaba, que tenía que pelear para salir de esto, y sobre todo, para no volverme loca de angustia, decidí hacer caso a mi médico que me recomendó negarme amablemente a escuchar a las personas que me querían contar lo que le pasó a fulatina o menganita y no buscar información en internet porque este cáncer tenía mi nombre y mis apellidos, y como yo, era único. Esto me dio la pista para tener la cabeza centrada solamente en mi tratamiento y mis síntomas. Me convencí de que como yo no soy médico no tenía ninguna necesidad de saber todos los síntomas y los tratamientos que existen en Medicina para curar el cáncer. Todo lo que necesitaba saber sobre el mío me lo dirían mis médicos y en ellos puse mi confianza absoluta. De esta manera creo que evité informaciones tóxicas que seguramente no tenían nada que ver conmigo.

El tratamiento del cáncer

Con este convencimiento empecé la quimioterapia y después la radioterapia. Recuerdo que cuando entré la primera vez en la sala me dieron muchas ganas de llorar. Me sentía muy desgraciada pero al mismo tiempo, el cariño con el que me trataron las doctoras, las enfermeras y la seguridad de que lo que iba a empezar me iba a curar en unos cuantos meses, me hizo fuerte. Me convencí de que tenía suerte porque lo que me estaba pasando se podía curar.

No voy a negar que se pasan días muy malos, en los que tu cuerpo solamente tiene ganas de estar tumbado y simplemente respirar. No tenía ganas de hablar, me fastidiaba que me dieran ánimos porque pensaba que desde fuera se ve de otra manera y tú estás sufriendo y nadie te entiende.

Pero por lo menos, sabía que en cada ciclo tendría 4 o 5 días “malos” y el resto de los días podría sentirme bastante mejor. Esos días “buenos” me obligue a salir a pasear, siempre acompañada, arreglada aunque no tuviera ganas de vestirme, y siempre con ropa de colores. Siempre he pensado que los colores de la ropa o en el ambiente que te rodea, influyen en el estado de ánimo de las personas. Así que ¡fuera colores tristes! Bastante tristeza tienes algunos días para que encima la alimentes vistiéndome de negro.

Si salía a pasear por las mañanas, ocupaba las tardes en dormir un rato, en leer o ver películas en TV. Todo con tal de no tener ratos de aburrimiento en los que inevitablemente pudiera empezar a pensar en cosas negativas.

El cambio de imagen

En cuanto al cambio de imagen yo me adelanté a la caída del pelo y me lo corté. Busqué el lado positivo, ahora podía cortarme la melena que llevaba desde hacía mil años y ver cómo me quedaría el pelo corto. Busqué en revistas un corte favorecedor y la verdad es que me gustó el cambio de look. En pocas semanas el pelo empezó a caerse totalmente hasta que al final no tuve más remedio que raparme. Pero yo ya había comprado una peluca monísima con la que me sentía muy bien. Sabía que era un proceso que tenía que pasar, sí o sí, pues lo mejor era tratarlo con una actitud positiva.

Me negué a verme calvita porque eso me hacía sentir triste así que decidí no quitarme la peluca durante el día, así al mirarme al espejo aunque tuviera mala cara, me veía bien.

Ayuda psico-oncológica

Además del estrés que te provoca la enfermedad, los tratamientos, los efectos secundarios y el cambio de imagen corporal, tienes un millón de dudas, de miedos, de pensamientos negativos, de preocupaciones sobre el futuro, de sensación de pérdida de control de tu vida, de incertidumbres de las que evitas hablar en casa por no preocupar, más todavía, a tus familiares, que también están sufriendo lo suyo. Así que comencé una sesiones con Ruth, la psico-oncóloga, que me ayudan muchísimo. Las sesiones me sirven para disipar miedos, para obtener información experta de cómo afrontar algunas situaciones personales y familiares, y sobre todo me han ayudado para aceptar que me ha tocado sufrir esta enfermedad y que no ha sido por mi culpa, sino porque forma parte de la vida misma.

Así, he aprendido a ver la vida de otra manera, y a darle menos importancia a cosas por las que antes podía enfadarme. A entender, que si por ejemplo te parece que no recibes el cariño que necesitas en un momento dado, no hay que enfadarse, simplemente hay que hablar con las otra persona y hacerle saber que necesitas un abrazo, o un beso, porque esa persona no es adivina.

Yoga para afrontar el cáncer

También asistí a un taller de Yoga para pacientes oncológicos, organizado por GenesisCare FUNDACIÓN. Fue una experiencia muy interesante porque estaba enfocado a la relajación, a estirar el cuerpo, a aprender a enviarte a ti misma mensajes positivos, que en definitiva, son los que van a permitir que sigas adelante con mucha fuerza. Ahora que se ha acabado, he empezado a hacer ejercicios suave para despertar el cuerpo después de tantos meses de inactividad.

Aún me queda mucho por recorrer pero estoy convencida de que mantener una actitud positiva me va ayudar a llevar mucho mejor el camino a la total recuperación.

 

Eva Mª Moya

Superviviente de cáncer de mama